¿Por qué no vendemos collares para perros?

Los collares para perros son uno de los grandes reclamos del mercado y siempre es un super ventas, ¿Por qué nuestra marca no vende collares de ningún tipo?

La respuesta rápida es que, bajo nuestros estándares, todo collar es dañino para el perro, incluso para los que menos tiran de la correa. Por ello, como nuestro compromiso es solo brindar accesorios que sean agradables y cómodos para los perros, los collares para perros quedan fuera de nuestra misión.

Si quieres una respuesta larga, te proporcionamos información sobre por qué los collares para perros, incluso para los que menos tiran de la correa, pueden suponer un perjuicio a corto y largo plazo para la salud de nuestros mejores amigos de cuatro patas.

Los músculos del cuello de nuestro perro rodean completamente las vértebras, de forma que si intentamos sentir dichas vertebras con nuestro facto, resulta imposible en perros con salud articular.  El fin último de esto es la protección y soporte de de nervios y vasos que viajan hacia y desde el cerebro.

Cuando se aprieta un collar, los músculos se comprimen y se lastiman y, por lo tanto, se dañan.  Las fibras musculares dañadas se acortan durante su mecanismo de auto curación. Al acortar la longitud del músculo que rodea las vértebras, estas vértebras del cuello se acercarán más; comprometiendo a su vez el espacio entre cada uno de los cuerpos vertebrales, afectando así las estructuras. El resultado es un alto riesgo de disfunción grave, dolor y dolor referido. 

Si el perro tira y lleva un collar, esto puede causar una lesión similar a lo que siente un humano con un latigazo cervical.  Este tipo de fuerza no es una fuerza que el cuello pueda soportar, desde una perspectiva funcional, y, por ello, puede dañarse muy fácilmente, dejando al perro con un dolor de latigazo permanente y, a veces, repetitivo.

Si la movilidad de un perro se ve comprometida debido al dolor y la compresión del cuello, su cuerpo no funcionará correctamente y al igual que nosotros su postura cambiará provocando un cambio adaptativo musculo-esquelético protector, generando aún más estrés físico y psicológico que impactará en otras áreas como la digestión. y su percepción de sentirse más vulnerables; como lo hacemos todos cuando sentimos dolor.

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